domingo 27 de abril de 2008

Los Bucles

…Hoy me di cuenta de que no entiendo el problema de los ciclos que se cierran, y de los que se resisten a cerrarse. Por ejemplo: ayer soñé, y creo que anteayer también, con las tierras del erhu y de las espadas, con la tierra de la seda y de la pólvora, con el mundo tras las cortinas que pusimos los occidentales, que poco a poco se abren con benevolencia. Soñé y vi tras mis párpados escenas de paz y serenidad que jamás creería posibles. Vi a artistas marciales culminando la labor de una vida. El resto se escapa a mi memoria.
El premio de una vida es el tesoro que aguarda por nosotros, que se nos queda mirando desde las últimas hojas del calendario. Y nos ve, y nos ve...
Si sueño con ese premio, sea cual sea (pues no tengo noción de que algún sueño en particular me pertenezca), me desboco y me adelanto a los acontecimientos. El sólo hecho de ver el premio lo cambia porque lo imaginé, así que el logro de una vida es veleidoso y cambia de atuendo más rápido que la vista... Pero igual se te queda mirando, esperando, llamándote para que camines con pasos ligeros.
Si sueño mucho, me desboco, por ello debo contenerme. Sin embargo, no sé si hay puntos medios entre el soñar que vives y el vivir tus sueños... Soñar es delicioso en la misma medida en que es pernicioso, por ello hay que dosificarlo, como una especie de dieta. Ahí están los extremos del mundo, halando cada uno hacia su lado.
El premio de una vida es el de aprender a caminar con franqueza y soltura sobre la cuerda que une dichos extremos. Sé qué cosas debe contener un sueño cumplido, pero desconozco su naturaleza. No puedo alcanzarlo porque no entiendo lo de los ciclos incompletos, que deben cerrarse para pasar a nuevas aventuras. Hoy me di cuenta de que no entiendo el problema de los ciclos que se cierran...

sábado 26 de abril de 2008

El Robo

Hola. La última vez que le di vida a mis pasos andariegos, me robé una frase que habla sobre los extremos del mundo. Aquí te la presento, ataviada con las pocas perlas que he conseguido. No te preocupes, no fue un robo a mano armada, y aquí la devuelvo intacta:

Si viviera en los tiempos previos a Colón, podría decir, sin temor a equivocarme, que he andado sobre los dos extremos del mundo en un solo día: he visto paisajes antagónicos de brisa hiriente, de caminos nunca hollados, formas y colores dignos, o no, de mención. Algunos llaman a estos extremos tristeza y alegría. Pero, ¿qué nos has hecho, Colón, achicando nuestro mundo? Mis alegorías no tienen sentido en estos extraños tiempos, en los que no hay extremos en los mundos redondos como una naranja. ¿Están tristeza y alegría en el mismo lugar? ¿Estamos condenados a los eternos mediodías, que no perdonan ni aun a la sombra? ¿O quizá a eternas noches? ¿Qué es un extremo ahora?
Caminemos adonde caminemos, con suficiente energía en nuestros pasos, llegaremos al punto de origen. Dependerá de lo que veamos en el camino que haya valido o no la pena desplazarnos hasta el mismo sitio.
Recuerdo que, empezando a caminar, nos despedimos con admiración por la senda inexplorada. Ojalá nos consigamos cuando ambos lleguemos a ese lugar que algunos llaman comienzo, y otros fin.

lunes 21 de abril de 2008

Delirio de pocos, consuelo de muchos

Hola. Unas preguntas para ti, recién comenzado el día: ¿cómo se canta un aria sin saber cómo cantar? ¿Cómo se imita una guitarra sin tener dentro de sí una caja de resonancia? ¿Qué cuerdas vocales pueden aceptar el maltrato de funcionar como el clarinete más elocuente? Tratando de escribir sobre música, te escribí esta carta. Sin más preámbulos, hela aquí:

Aquel hombre, en un atardecer impreciso, trató de poner lo que sentía por la música en un papel. Otros habían escrito música, inventando las partituras, pero este hombre quería dejar un rastro de sí entre los vericuetos de las palabras. Sin embargo, no sabía qué tan críptica debía ser su grafía personal. Luego de horas de meditación concienzuda frente a la hoja en blanco, soltó su lápiz y, en un acceso de hilaridad, admiró por la ventana el día incipiente, y una miríada de trozos de papel virgen voló, de sus manos, al viento.
Menos mal que desistió de su empresa.
Habría enloquecido.

domingo 20 de abril de 2008

El Peripatético Ficticio

Hola. Esta carta fue escrita hace poco, pero ideada con pensamientos tenues durante muchos días. No puedo más que iniciarla del mismo modo en que termina, con puntos suspensivos...

Aquel hombre era tomado por filósofo: seguía la doctrina de Aristóteles. Se ceñía con tal fervor a las enseñanzas del maestro, que con rigurosidad matemática recitaba los fundamentos de la ciencia más allá de la ciencia. No obstante, siempre que caminaba entre vastos pasillos, seguido de sus alumnos y de los ecos de sus propios pasos, su discurso enmudecía inevitablemente, y se disipaba su mirada viendo al Oeste, cuando el sol se perdía en el corazón de la distancia.
Su maestro, al atardecer, no era Aristóteles, sino Homero...

domingo 13 de abril de 2008

En el crepúsculo

Hola. Esto me invadió a la par de la noche, pero sólo ahora he podido publicarlo:

Hoy escribo recién entrada la noche, ¿cómo has seguido? Escribo en la noche porque en estas horas se escriben historias hermosas, y porque escribir en la noche es inevitable, siendo inevitable también que se acabe la luz.
Aquí estoy, en mi misma calle, haciendo las mismas cosas, pateando los mismos adoquines, día tras día. ¿Alguna molestia? ¡Sí!, unas pocas. Se llaman dolores, canas, espalda, rodillas, corazón... ¿Algunas ventajas? ¡Muchas! Se llaman dolores, canas, espalda, rodillas, corazón...
Algunos dicen que todo tiene su doble existencia, bueno y malo se unen y se entrelazan, y en cada uno está la semilla del otro. Veo paz con mis ojos, pero veo guerra a mi alrededor. El mundo ha cambiado desde que nos vimos por última vez.
No hay más luz en el Oeste, el velo oscuro oculta los rasgos del día. El señor de los cambios espera en el frío junto a la puerta, y es imposible evitarlo, ni siquiera hacerlo aguardar. Tú y él saben bien que el sol se recoge en su guarida profunda. Los astros presurosos le pisan los talones y el sol -inerme, obcecado- visita tierras ignotas para los humanos, y su luz pulida y límpida palidece: se dobla sobre sí misma, y merma en quietud, durmiendo.
Con probada obstinación reconozco que ahora, en algún lugar, es mediodía.

jueves 10 de abril de 2008

La bienvenida

Hola. Hoy quiero hacer un monólogo, quiero hablar conmigo mismo, pero quiero que tú me escuches. Este blog es la compilación de algunas de las cartas que he escrito, escribo o escribiré a la gente que más significa para mí. Puedes hablarme con tus ojos atentos, y descubrir al Yo que habita detrás de las palabras. Espero conectarme a mi yo en ti, hacer que resuene como una campana en la montaña. Tú también significas mucho para mí, por eso te regalo mis palabras. Quizás, en medio de una oración persistente, encuentres a tu yo en mí...

Te saludo, mi compañía
en este día sobre el mundo
te saludo
con retraso pero con denuedo
con insistencia y gritos al vuelo
te escribo y te anhelo
como quien, entre amigos nuevos
se resquebraja frente al recuerdo
elevo una oración apresurado
antes de contarte mis andares:
ayúdame, Dios, a escribir
a escribir un poema
tan largo que se transforme
en cuento, en novela, en vida
ayúdame a escribir lo suficiente
como para envolverme con palabras
como vendas blancas
que cubren el cuerpo ennegrecido
unas palabras tan luminosas que en la noche
no me tropiece con mis propios recuerdos
palabras salidas de la boca
de las marismas
de los tuétanos
de los vivos y los muertos
palabras de sal
de piedra
que salten y se oculten
palabras de barro
de aventura
de daños indiscretos
palabras sin venganzas y sin nidos
sólo palabras
que no se pregunten nunca
el por qué de su existencia
palabras ordenadas o a chorros
compartidas o emblemáticas
palabras suficientes para no oír
este silencio que me perturba
en el que ni siquiera se oye
el agua gotea de los grifos
palabras para oírme a mí mismo
cuando todo calla